Guía completa

Lo estético y lo estructural

No todos los daños en una llanta son iguales, y conviene tenerlo claro antes de nada.

Daños estéticos. Roces de bordillo, arañazos, pintura desconchada, barniz quemado. Afean, pero no comprometen la resistencia de la llanta. Se reparan.

Deformaciones. Un golpe fuerte contra un bache o un bordillo puede doblar el borde, normalmente el interior, que no se ve. Provoca vibraciones y, a veces, pérdidas de aire. Si la deformación es leve, se puede corregir.

Grietas. Una fisura en el radio o en el borde es un daño estructural. No la reparamos: la llanta debe sustituirse.

Esta distinción es lo primero que hacemos al revisar una llanta, porque decide si tiene sentido repararla.

Aparcar en Almería tiene su riesgo

Calles estrechas en el Centro, bordillos altos en muchas zonas y plazas ajustadas son una combinación perfecta para rozar llantas. El clásico bordillazo al aparcar en paralelo es, de lejos, el daño más habitual que nos llega. Y las llantas grandes con neumático de perfil bajo, cada vez más comunes, están más expuestas porque el neumático apenas las protege.

En caminos de tierra el riesgo es otro: piedras sueltas que golpean el borde y baches profundos que pueden deformarlo.

Sol y lavados

El barniz de las llantas sufre igual que el de la carrocería. Con muchas horas de sol se vuelve mate o se pela. Si además se lavan con productos ácidos o con cepillos duros, el deterioro se acelera. Una llanta con el barniz roto se mancha con el polvo de freno, que es corrosivo, y empiezan a aparecer puntos blancos de oxidación del aluminio.

Cómo reparamos

  1. Desmontamos el neumático cuando el daño lo requiere.
  2. Comprobamos si la llanta gira centrada y si hay deformaciones.
  3. Lijamos la zona dañada y, si hace falta, aplicamos masilla específica.
  4. Pintamos y barnizamos buscando igualar el color original.
  5. Montamos y equilibramos.

Las llantas diamantadas (con una cara brillante mecanizada) tienen un acabado especial que no siempre se puede reproducir con pintura. Te explicamos las opciones si es tu caso.

Cuidar las llantas reparadas

Una vez reparadas, conviene lavarlas con productos neutros y sin cepillos metálicos, y limpiar el polvo de freno con frecuencia para que no se incruste. Al aparcar, girar el volante un poco hacia fuera antes de acercarse al bordillo ayuda a que el neumático toque primero.

Pérdidas de aire lentas

Si una rueda pierde presión poco a poco sin pinchazo, a menudo el problema está en la llanta: corrosión en el asiento donde apoya el neumático o un pequeño golpe en el borde. Limpiando y sellando el asiento, o corrigiendo la deformación, suele resolverse.

Seguridad primero

Si una llanta está agrietada o muy deformada, no la reparamos. Te lo explicamos y te ayudamos a encontrar una sustituta. Una llanta no es solo estética: es parte de lo que mantiene el coche en la carretera. Mira también nuestros neumáticos si toca cambiar. Pide cita o envíanos fotos.